♦ Sangre



El agente de FBI entró en aquella gris habitación. Ella lo observó con los ojos cansados. Estaba sentada y esposada de manos, y eso la enfurecía más que nada, porque no había hecho nada malo, todo fue con causa justa, su deseo homicida se había despertado por impulso, pero fue con un motivo, no era algo al azar. 
El agente se sentó enfrente de ella, y se notaba por su actitud corporal, que estaba dispuesto a escuchar todo lo que ella tenga que decir. 
—Se que seguramente no quiere hablar, se que ha sido una noche bastante agitada para usted, señorita. Pero estoy dispuesto a quedarme a escuchar lo que tenga que decir, aunque me lleve un día entero, en algún momento algo tendrá que decir — el hombre le dijo, apoyando sus manos sobre la fría mesa de metal, observándola con sus profundos ojos color café. 
—No crea que me estoy negando a cooperar con ustedes... Yo voy a decirle la verdad, mi verdad, y esta en usted si me cree o no —sí, quería que le crea, quería salir de todo eso, y esperaba demostrar sinceridad en sus palabras. —Era mi cliente, yo sólo había hecho una replica de un cuadro nada más y compartíamos un interés artístico, pero de la nada surgió una especie de relación, haciendo caso a nuestros impulsos naturales. Todavía me cuesta entender eso, porque no era el tipo de persona en la cual me fijaría, no puedo negarle que me resultaba atractivo. Hasta me sorprende porque carecía de dotes sociables. Tampoco se si él me eligió en el mismo criterio en el cual solía escoger a sus victimas —sí, era un maldito asesino, y estaba en ascenso este último tiempo, porque en tampoco tiempo. sus victimas habían sido más de cincuenta. —Nunca di cuenta de lo que era, pues él podía ocultarlo perfectamente, era mentiroso por excelencia, sería demasiado extraño que se pise su propia cola. Aún así yo no soy tonta, yo sabía que algo mal había, y decidí meterme en su casa para investigar, justo cuando él iba a pretender tener su vida normal —hizo una breve pausa para tomar un poco de aire. —Y ahora es en la parte en la cual pondrá en duda mi credibilidad. 
—¿Por qué dice eso, señorita? —él la miró curioso.
—Yo vi las pruebas, apuesto a que vi más que los dos agentes que estaban detrás del caso, no vi los cuerpos de sus victimas, pero vi todo lo que tenía sobre ellos, las cosas que uso para asesinar esas familias... Algún que otro recuerdo —se encogió de hombros. —Fue espeluznante... Lamento que ese maldito haya incendiado su casa, porque allí estaba todo, ahora son todo cenizas. Y es raro que sepan que es él, porque pudieron haber atrapado a la persona equivocada. No hay sobrevivientes de esto, y en las escenas del crimen no dejo rastro, y su únicas pruebas desaparecieron. 
—Creo que esta hablando por hablar, usted misma me esta diciendo que las vio, y que él mismo incendió su casa.
—Lo sé, sólo intento de buscar toda la lógica en todo esto. 
—Lo hay, señorita. Es un asesino. 
—No. Tiene impulsos, una historia detrás.... Yo de eso no sabía nada. Y quizás por eso intento buscar algo de inocencia, porque yo de esas personas que siempre intento de buscar lo bueno en las personas. 
—¿Usted cree que había algo bueno en él?
—Ahora no estoy segura —apretó sus labios, dudaba de había algo bueno en él, no podía identificarlo si lo hubo por toda la conmoción que aún sentía.
—Pero usted tenía sentimientos por él, ¿o estoy equivocado?
—Tenía una atracción física, sólo eso... Pero no creo que sea importante ponerse a discutir eso, porque creo que no es de su interés, y no aporta nada a esto.
—Entonces, prosiga —el agente estaba un tanto sorprendido por la naturalidad en la cual ella estaba contando los hechos, había pasado hace poco, y pensó que ella estaría en shock, pero se notaba que era una persona fuerte. 
—Todos los hechos luego llevaron a estos últimos sucesos... Intento matarme, me secuestro, cayó en el señuelo de sus agentes, pero logró asesinarlos y fue cuando lo maté —era increíble la naturalidad en la cual había desarrollado esa oración, pero no había sido tan simple como parecía.
Estaba ocultado su verdad, quería salvarse de alguna manera. Después de haber visto las llamas en la casa del asesino, en la cual habían creído haber despistado a la policía y el FBI, se marcharon ahí. Había sido su idea la de incendiar la casa, y escapar, ella lo impulso, todo para salvarse a si misma de morir en manos de él, fue lo primero en lo que pudo pensar. No sabía a lo que llevaría todo eso. Él sabía de un lugar para esconderse, estaba lejos de la ciudad. No tenía idea de que vendría después, ¿seguir viviendo por el resto de su vida junto a él pretendiendo que no tenía idea de nada? Y no estaba convencida de si su propia muerte fuera la solución a todo eso. Sin embargo, la muerte de él si lo era. No tenía la más mínima idea de como matar a alguien, sin dudas no era como en las películas, era muchísimo más complicado. Pero iba a hacerlo, debía, por más que aquella atracción que sentía se lo impidiera. 
Pero al llegar a esa casa, aquellos agentes del FBI que se metieron allí, para hacer su trabajo, y su plan se vio obligado a modificarse. No quería que le quiten el privilegio de asesinar a su asesino, ella quería hacerlo, no quería que nadie más se interponga en su camino. Era su venganza por haber caído en su dulce trampa, porque nadie se mete con ella, nadie debe hacerla sentirse débil e indefensa, ella no era así. Por lo tanto, decidió unirse a su asesino para irse en contra de los agentes, a los quienes despedazaron brutalmente, como si fueran dos bestias, sedientas de carne y sangre. ¿En qué se había convertido? 
Y allí estaba su momento de gloria. Él estaba de espaldas, ella todavía tenía esa cuchillo en su mano, cubierto por la sangre de uno de los agentes. Sin entender porque, se detuvo a pensar. ¿Por qué estaba dudando ahora? Ella podía hacerlo, mató cruelmente a esos hombres que sólo hacían su trabajo, entonces podía matar a su asesino. Espero que el volteará, y fue cuando clavó el cuchillo en su estómago. Quiso ver sus ojos, con una expresión distinta, su mirada expresaba sorpresa y decepción, no era la misma mirada que una vez la pudo haber mirado con deseo. Parecía que quería decir "¿por qué?". Sin pensarlo dos veces, sacó el cuchillo y volvió a clavarlo contra su piel. En su rostro no había emoción alguna.

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